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ELOY TENO

Eloy Teno se define como un artista autodidacta, lo que quiere decir que las fuentes de su formación son difusas aunque, según parece, bastante firmes; al tiempo que conocía una fragua por dentro, descubría fascinado, como se moldean las rejas de arado (posiblemente las primeras esculturas en hierro que contempló y que son una forma presente en su obra) o los cangilones de noria y empezaba a entrever las posibilidades mágicas del hierro, su sacralidad, diría Mircea Eliade (1956); una experiencia iniciática que podría haber marcado a cualquiera; comprobar como gracias al fuego un material tan duro se vuelve blando y maleable parece algo sobrenatural. Teno hacía Quijotes en chapa, de piezas desechadas de motores de automóviles, un tornillo podía transmutarse en una cabeza, un alambre hábilmente enderezado, en una lanza y esto le llevaría a penetrar en los secretos del ensamblaje, elemento fundamental en el arte del siglo XX.
Los Quijotes son, para Teno, figuras familiares, le resultan fáciles, poco a poco han ido asumiendo el papel de espacios desde los que mirar el arte y la vida.

Comenzó a pintar a la acuarela, al óleo, incluso aprendió las técnicas de la encáustica.
En Campo de Criptana (Ciudad Real) instalaría Teno un taller mecánico, sin olvidar su afición al hierro, contactaría con un pintor, Isidro Antequera (La Solana, Ciudad Real, 1926) que, explica Teno, le enseño a “ver pintura”, porque nuestro artista se encuentra ás a gusto entre el hierro, rotundo y expresivo.
El taller de Eloy Teno es hoy una fragua que produce figuras que se exhiben en las ferias de artesanía y tienen el Quijote como motivo casi exclusivo.

Dice Teno que sus esculturas culminan procesos de depuración de una forma que es, esencialmente, una síntesis de la figura del Quijote; que reflejan dos obsesiones: la expresividad del hierro y la dificultad de los acabados. El artista habla de sus esculturas en términos de tactilidad, invita a que se toquen.
Teno moldea, recicla, convierte herramientas en objetos estéticos que sienta, en ocasiones sobre soportes de madera que pueden ser objetos de uso cotidiano reutilizados.
Sus piezas se han realizado, desde la ligereza, la transparencia y el aprovechamiento máximo de los “discursos” del hierro, presta a las obras un evidente aire de familia, más allá de la evocación imprescindible del dibujo en el espacio.
La obra de Teno parece jugar a situarse en los orígenes de la escultura moderna (pese a que data de mucho después): cuando se proclama el protagonismo de las formas primarias, la ilusión de que se desvelan los procesos constructivos (”aquí no hay trucos”, dice Teno).
La obra escultórica del artista se nos presenta como un territorio de búsqueda decidida de la modernidad y como un signo de la versatilidad y la experiencia de este artista fascinado por el hierro. En el universo de la escultura moderna, este conjunto resulta familiar y coherente; en el ámbito de la obra de Teno, supone el campo más abierto de búsqueda de formas.

Julián Díaz Sánchez. Universidad de Castilla-La Mancha

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